Qué es la Espondilitis Anquilosante

Síntomas

Espondilitis

La Espondilitis Anquilosante es una enfermedad inflamatoria crónica que afecta fundamentalmente a las articulaciones de la  columna vertebral, las cuales tienden a soldarse entre sí, provocando una limitación de la movilidad (de ahí el término anquilosante, que proviene del griego ANKYLOS y signifca soldadura, fusión). Como resultado final se produce una pérdida de flexibilidad de la columna, quedándose rígida y fusionada.

Es una enfermedad frecuente, sobre todo en la raza blanca (0.5-1% de la población). Habitualmente aparece entre los 20 y 30 años de  edad. En mujeres es algo menos frecuente y suele ser más leve.

La Espondilitis Anquilosante se presenta como enfermedad aislada la mayoría de las veces, aunque, en algunos casos puede asociarse a una enfermedad de la piel llamada psoriasis o a enfermedades inflamatorias del intestino.

Pero, ¿cómo es la columna vertebral?

La columna vertebral constituye el eje óseo del tronco y sostiene el cráneo. Está formada, de arriba abajo, por las vértebras cervicales  (cuello), vértebras dorsales (con las que se articulan las costillas para formar la caja torácica), vértebras lumbares, el sacro y el cóccix.

El sacro, a su vez, se une al resto de la pelvis por medio de las articulaciones sacroilíacas.

En la Espondilitis Anquilosante las articulaciones sacroilíacas suelen ser las primeras en inflamarse. Después la inflamación suele implicar a otras articulaciones existentes entre las vértebras. La inflamación producida tiende, con el tiempo, a fusionar o soldar las vértebras entre sí. Este proceso da lugar a una anquilosis de la columna que se manifiesta con rigidez y disminución de la movilidad del cuello y la espalda en general y de la caja torácica.

¿Cuáles son los síntomas de la Espondiloartritis Axial?

Lo primero que nota la persona que tiene Espondilitis Anquilosante suele ser un dolor lumbar o lumbago o síntomas parecidos a la “ciática”, que se produce por la inflamación de las articulaciones sacroilíacas y vertebrales. Este dolor es de tipo inflamatorio, que se caracteriza por ser de aparición insidiosa, lenta y paulatina, no pudiendo precisarse con exactitud el instante en el que comenzó el síntoma, sobre todo cuando el paciente se encuentra en reposo y mejora con la actividad física. De esta forma el dolor suele ser máximo en las de madrugada, cuando el paciente lleva un largo rato en la cama. Esto obliga a la persona a levantarse y caminar para notar un alivio e incluso la desaparición del dolor. Con el paso del tiempo el dolor y la rigidez pueden progresar a la columna dorsal y al cuello.

Las vértebras se van fusionando, la columna pierde flexibilidad y se vuelve rígida, limitándose los movimientos de la misma. La caja torácica también puede afectarse, produciéndose dolor en la unión de las costillas al esternón y limitándose la expansión normal del pecho (al hinchar los pulmones) y dificultando la respiración.

La inflamación y el dolor también pueden aparecer en las articulaciones de las caderas, hombros, rodillas o tobillos, o en las zonas del esqueleto donde se fijan los ligamentos y los tendones a los huesos (dolor en el talón, en el tendón de Aquiles…)


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Referencias:
  1. Espondiloartritis anquilosante. Sociedad Española de Reumatología.