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INFLAMACIÓN

La inflamación es producida por la activación del sistema inmunológico y nos ayuda a responder a una agresión, normalizándose una vez resuelto el estímulo desencadenante. Las características clínicas clásicas de la inflamación son el rubor, calor, dolor, tumefacción e impotencia funcional.


Escucha el podcast sobre la inflamación en la Artritis Reumatoide en colaboración con el  Doctor Juan Carlos Nieto González, Reumatólogo de Hospital Universitario Gregorio Marañón.

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La palabra inflamación proviene del latín, inflammare, y significa encender el fuego. La inflamación es un proceso fisiológico del organismo en respuesta a un estímulo dañino (traumatismo, infección, lesión, etc.). La inflamación es producida por la activación del sistema inmunológico y nos ayuda a responder a una agresión, normalizándose una vez resuelto el estímulo desencadenante. Las características clínicas clásicas de la inflamación son el rubor, calor, dolor, tumefacción e impotencia funcional.

La inflamación consta de varias fases, la primera fase de activación tras una agresión implica la vasodilatación capilar y la liberación de sustancias que aumentan el número de células en el lugar de la lesión, responsables de la tumefacción, el calor y el rubor característico. Las sustancias liberadas tienen un efecto sobre los receptores del dolor (nociceptores) activándolos para alertar de la lesión. Además, como consecuencia de todo lo anterior se produce una impotencia funcional que contribuye a mejorar el proceso de curación. Una vez resuelto el desencadenante de la lesión el proceso inflamatorio se autorregula mediante la liberación de sustancias que inhiben la activación celular y termina la inflamación. Ese es el proceso normal de la inflamación aguda.
Si no se produce un autocontrol, se mantiene una inflamación crónica que tiene un poder destructivo muy potente, las sustancias relacionadas con la inflamación degradan las estructuras normales y producen daño irreversible.

La artritis reumatoide es una enfermedad inflamatoria crónica que afecta a las articulaciones. Esto significa que existe un aumento de sustancias pro-inflamatorias y de células del sistema inmunológico en las articulaciones produciendo rubor, calor, dolor, tumefacción e impotencia funcional. Sin embargo, y pese a la relación que hay entre la inflamación y el dolor, no siempre el dolor que presenta el paciente es debido a inflamación.

La inflamación mantenida en las articulaciones hace que el número de células y sustancias relacionadas aumente progresivamente y destruya las estructuras normales. En la práctica podemos ver las consecuencias de la inflamación crónica en forma de erosiones óseas, destrucción del cartílago disminuyendo el espacio articular y el daño de los tendones que terminan en roturas en algunos casos.

 

Por eso el tratamiento de la artritis reumatoide debe ser temprano y dirigido con el objetivo de eliminar la inflamación. Para ello utilizamos fármacos que controlen el proceso de inflamación (anti-inflamatorios no esteroideos y corticoides) o el sistema inmunológico (metotrexato, leflunomida o fármacos biológicos).

 

En resumen, la inflamación es un proceso fisiológico del organismo para responder a una agresión a través del sistema inmunológico. El proceso inflamatorio normal se autorregula una vez desaparece el desencadenante, pero en enfermedades como la artritis reumatoide esta autorregulación se pierde y la inflamación daña los tejidos.

 

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Referencias:
Netea M, Balkwill F, Chonchol M, et al. A guiding map for inflammation. Nature immunology 2017;18, 826-31.

 

 

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