Fertilidad y Enfermedad Inflamatoria Intestinal. La importancia de planificar tu embarazo
¿Tu intestino afecta tu fertilidad? Lo que la ciencia dice hoy.
¿Alguna vez le has preguntado a tu médico si tu enfermedad inflamatoria intestinal podría afectar tu capacidad para ser madre o padre? Muchas personas no lo hacen. No porque no les preocupe, sino porque durante mucho tiempo esta conversación apenas ha tenido espacio en consulta.
Hoy sabemos que el intestino no actúa de forma aislada. La inflamación crónica, las alteraciones del microbioma intestinal y el impacto global de una enfermedad inflamatoria intestinal, como la enfermedad de Crohn o la colitis ulcerosa, pueden influir en distintos procesos relacionados con la fertilidad. Aun así, conviene matizar algo importante desde el principio: tener una enfermedad inflamatoria intestinal no significa, por sí solo, que no puedas concebir. De hecho, cuando la enfermedad está bien controlada, las tasas de fertilidad suelen acercarse a las de la población general.1
El intestino y la fertilidad: una conexión más estrecha de lo que imaginas
La relación entre intestino y fertilidad se estudia cada vez más desde una visión integradora. El microbioma intestinal participa en procesos inmunológicos, metabólicos y hormonales que ayudan a mantener el equilibrio del organismo. Algunas revisiones científicas plantean que los desequilibrios en la microbiota pueden afectar al entorno endocrino e inflamatorio y, con ello, a la salud reproductiva femenina.2
También están apareciendo investigaciones que exploran el llamado eje intestino-vagina-endometrio. En mujeres con infertilidad o fallos de implantación se han observado perfiles distintos de microbiota intestinal y vaginal, aunque la evidencia todavía no permite afirmar una relación causal directa ni convertir estos hallazgos en recomendaciones clínicas universales.3 Lo prudente, hoy en día, es hablar de una línea de investigación prometedora, no de certezas cerradas.
Fertilidad con enfermedad intestinal: más posibilidades de las que crees
En enfermedad inflamatoria intestinal (EII), el mensaje central de las guías es tranquilizador: muchas mujeres y hombres con la enfermedad controlada pueden tener hijos. El problema no suele ser la etiqueta diagnóstica en sí, sino factores concretos como la actividad inflamatoria, algunas cirugías, el estado nutricional o determinados miedos que retrasan la búsqueda de embarazo.4
De hecho, varios estudios muestran que las personas con EII presentan más frecuencia de “childlessness” voluntaria, es decir, deciden no buscar descendenciapor temor a las complicaciones, a heredar la enfermedad o a los posibles efectos del tratamiento. Ese miedo no siempre se corresponde con el riesgo real y puede reducirse con información adecuada y asesoramiento médico.5
El factor que más pesa: la actividad de la enfermedad
Si hay una idea que merece quedarse, es esta: lo que más puede afectar negativamente a la fertilidad y al embarazo no es tanto tener enfermedad intestinal como tenerla activa.
El mejor momento para buscar gestación es cuando la enfermedad está en remisión. La actividad inflamatoria alrededor de la concepción se asocia a peores resultados obstétricos y a un mayor riesgo de brotes durante el embarazo. En Crohn, además, la fertilidad femenina puede disminuir durante los periodos de actividad y tras determinadas intervenciones quirúrgicas, aumentando incluso el tiempo hasta lograr el embarazo.6, 7
Por eso, planificar el embarazo no es un formalismo. Es parte del tratamiento.
Lo que comes también importa
Hablar de microbiota intestinal y fertilidad también obliga a mirar la alimentación. La dieta condiciona la composición del microbioma y puede favorecer un entorno más o menos inflamatorio. Aunque no existe una “dieta de la fertilidad” específica para personas con EII, sí sabemos que mantener un buen estado nutricional y evitar la desnutrición es especialmente relevante cuando se está pensando en un embarazo. Las guías sobre EII y embarazo subrayan la importancia del control nutricional, sobre todo en pacientes con enfermedad activa, resecciones intestinales o afectación del intestino delgado.8
Los miedos más frecuentes y lo que dice la ciencia
“Los medicamentos que tomo van a dañar a mi bebé.”
Las guías clínicas señalan que la mayoría de los tratamientos usados en EII se mantienen durante la búsqueda de embarazo y la gestación, porque suspenderlos sin indicación puede aumentar el riesgo de brote, y ese brote suele ser más perjudicial que el propio tratamiento.9 Si te estas planeando ser madre o padre y estas en tratamiento para tu EII, consúltalo con tu clínico, él te indicará cual es la mejor opción.
“Mi hijo va a heredar mi enfermedad.”
Existe un componente genético, pero el riesgo no es absoluto. Tener un progenitor con EII aumenta la probabilidad respecto a la población general, aunque eso no equivale a una transmisión inevitable.10
“Si soy hombre, la enfermedad no afecta.”
En general, la fertilidad masculina se conserva, pero hay excepciones. Hay medicamentos que pueden alterar de forma reversible el seminograma y reducir temporalmente la fertilidad, algo descrito desde hace años y reconocido en revisiones posteriores.11

En resumen…
La evidencia disponible apunta a que la enfermedad inflamatoria intestinal, por sí sola, no impide la concepción. Los factores que más pueden influir en la fertilidad y en la evolución del embarazo son la actividad inflamatoria, el estado nutricional, determinadas intervenciones quirúrgicas y la falta de información sobre la enfermedad y sus tratamientos.
En este contexto, las guías y los estudios revisados coinciden en la importancia de planificar el embarazo, mantener la enfermedad en remisión y acudir a una consulta preconcepcional para revisar el tratamiento, valorar posibles riesgos y resolver dudas.
La consulta preconcepcional: una visita que puede cambiarlo todo
La consulta preconcepcional con gastroenterología es una de las recomendaciones más sólidas. Sirve para revisar si la enfermedad está controlada, comprobar el estado nutricional, valorar medicación, resolver dudas y coordinar el seguimiento con obstetricia.
Además, no es solo una recomendación teórica. Un estudio prospectivo mostró que la atención preconcepcional en pacientes con EII redujo las recaídas durante el embarazo y también el riesgo de bajo peso al nacer, en parte porque mejora la adherencia al tratamiento y favorece hábitos más saludables.12
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